Voces que abren caminos hacia una vida libre de violencias
Desde una perspectiva feminista, comunicar no significa únicamente aprender a hablar frente a un micrófono o una cámara. Significa también reconocer el valor político de la palabra de las mujeres, cuestionar quiénes han tenido históricamente la posibilidad de hablar y ser escuchadas y generar condiciones para que sus conocimientos, demandas y experiencias ocupen los espacios públicos y comunitarios.
Por ello, el proceso combina el entrenamiento de vocerías, la construcción participativa de una campaña de comunicación y la preparación de mini pódcast, entendiendo la comunicación como una herramienta para fortalecer la autonomía, la participación y la capacidad de incidencia de las mujeres.
Tomar la palabra también es una forma de participación
Durante el segundo módulo de entrenamiento de vocerías, las participantes trabajaron herramientas para expresar sus ideas, experiencias y propuestas con mayor claridad y seguridad. A través de diferentes ejercicios, identificaron mensajes clave y fortalecieron sus capacidades para desenvolverse en distintos espacios de comunicación.
La formación parte del reconocimiento de que todas las mujeres poseen saberes y experiencias valiosas y de que no existe una única manera legítima de comunicar.
Las trayectorias de vida, las edades, las condiciones económicas, las pertenencias culturales, los idiomas o las responsabilidades familiares y comunitarias influyen tanto en la forma en que las mujeres experimentan las desigualdades como en las posibilidades que encuentran para participar y hacer escuchar sus voces.
Desde esta mirada interseccional, fortalecer una vocería implica también reconocer y reducir las barreras que pueden limitar la participación de unas mujeres más que de otras, evitando reproducir modelos de comunicación que valoren únicamente determinados lenguajes, conocimientos o formas de expresión.
Cuestionar los mensajes que normalizan la desigualdad
Otro de los ejes centrales del proceso ha sido la reflexión colectiva sobre los mensajes que reproducen violencia, discriminación y estereotipos de género.
A través del diálogo y de ejercicios participativos, las mujeres han analizado cómo determinadas ideas sobre el amor, las relaciones de pareja, los roles asignados a mujeres y hombres o el lugar que deben ocupar las mujeres en sus familias y comunidades pueden contribuir a justificar, minimizar o normalizar distintas formas de violencia.
Cuestionar estas narrativas es una parte fundamental de la prevención. La comunicación puede reproducir desigualdades, pero también puede contribuir a transformarlas, generar nuevas conversaciones y promover relaciones basadas en la igualdad, el respeto y el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Una campaña construida desde las voces de las mujeres
Los aprendizajes y reflexiones surgidos durante estos espacios están alimentando también la construcción de una campaña de comunicación para la prevención de la violencia contra las mujeres, que será presentada y difundida durante los próximos meses.
El proceso busca que las participantes no sean únicamente receptoras de mensajes previamente elaborados, sino que tengan un papel activo en la identificación de los temas, mensajes y formas de comunicación que consideran más pertinentes para sus comunidades.
De esta manera, sus experiencias y sus conocimientos del territorio se convierten en el punto de partida para construir una comunicación más cercana, situada y respetuosa con la diversidad de las mujeres.
Pódcast para amplificar experiencias, conocimientos y propuestas
Como parte de esta estrategia, las participantes también avanzan en la preparación participativa de una serie de mini pódcast, concebidos como espacios desde los que compartir reflexiones, experiencias y mensajes relacionados con los derechos de las mujeres y la prevención de las violencias.
La producción de estos contenidos permite ampliar los espacios desde los que las mujeres pueden narrarse a sí mismas y poner en circulación otras voces y perspectivas frente a discursos que históricamente han invisibilizado sus aportes o reproducido estereotipos sobre sus vidas.
Fortalecer estas capacidades significa, por tanto, mucho más que aprender técnicas de comunicación. Supone contribuir a que las mujeres puedan nombrar las desigualdades, cuestionar las violencias, construir discursos propios y participar con mayor capacidad de incidencia en las decisiones que afectan a sus vidas y a sus comunidades.
Porque avanzar hacia una vida libre de violencias requiere también transformar los imaginarios, las relaciones de poder y los espacios desde los que se construyen y circulan los mensajes.
Estas acciones se desarrollan en el marco del proyecto “Construyendo Caminos, eliminando Barreras”, implementado por el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM) – CAIMUS Rabinal, con el apoyo de ASAD Guatemala y la financiación de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID).



